Tamara Contreras y Carmen Truyols ponen palabra a una queja extendida: los profesionales sanitarios no son infalibles ni deben trabajar sin límites

En un diálogo que ha sembrado debate, las doctoras Tamara Contreras y Carmen Truyols trasladaron al público una preocupación cotidiana en hospitales y centros de salud: la persistente idea de que la vocación sanitaria legitima horarios extremos. En el pódcast El Sentido de la Birra ambas profesionales desenmarañaron la distancia entre lo ideal —el relato del sacrificio— y la práctica real, poniendo el foco en la salud física y mental de quienes atienden pacientes.
Su intervención recuerda que, por más compromiso que exista, hay límites humanos que influyen directamente en la calidad asistencial.
El debate no es solo retórico: toca normas y costumbres laborales. El Estatuto Marco, vigente desde 2003, configura muchas de las condiciones que hoy generan controversia, y entre ellas destaca la permanencia de las guardias de 24 horas.
Las doctoras explicaron que esa configuración legal y cultural permite prácticas laborales que, en opinión de muchos profesionales, están desfasadas respecto a las necesidades actuales del sistema sanitario y de los propios pacientes. La conversación situó la discusión entre la protección del personal y la seguridad clínica.
La brecha entre la imagen pública y la realidad
Existe una narrativa pública que ensalza al personal sanitario como si tolerara cualquier sacrificio sin secuelas. Contra esa visión, las médicas subrayaron que los profesionales son personas con límites, responsabilidades familiares y necesidad de descanso. Ese imaginario, además de injusto, contribuye a invisibilizar el desgaste físico y emocional acumulado tras guardias prolongadas. Hablar de humanizar la profesión implica también reconocer que el agotamiento altera la toma de decisiones y que la admiración no debe transformarse en una expectativa de resistencia ilimitada.
Guardias y la figura de la jornada complementaria
Uno de los nudos del sistema es la figura de la jornada complementaria, un esquema que se diferencia de la jornada ordinaria y de las horas extra habituales en otros sectores. En muchos casos la jornada complementaria puede alargarse sin límites claros y, además, no siempre compensa económicamente al nivel que se consideraría justo. Cuando esa flexibilidad se combina con turnos de 24 horas, el resultado es una carga laboral que muchos describen como insostenible y que permite legalmente ritmos de trabajo que superan niveles razonables por semana.
¿Qué significa la jornada complementaria?
Al definirla, la jornada complementaria aparece como un mecanismo que obliga a profesionales a prestar servicios más allá de su horario ordinario bajo condiciones particulares: suele estar vinculada a la disponibilidad y a la organización de guardias. Esa figura histórica, heredera de prácticas de décadas pasadas, facilita que haya médicos trabajando hasta 70 horas semanales dentro de la legalidad vigente. Para quienes la sufren, no solo subyace un problema de horas, sino también de reconocimiento y conciliación.
Consecuencias sobre la seguridad clínica y el rendimiento
El cansancio acumulado influye en la atención: la capacidad de juicio, la rapidez en la toma de decisiones y la precisión técnica empeoran con la fatiga. En palabras de las profesionales, no es plausible ofrecer la misma versión de atención a las 8 de la mañana que a las 24 horas de servicio continuo. Ese deterioro incrementa riesgos para pacientes y genera una carga emocional adicional en los equipos. Por eso, la relación entre condiciones laborales y calidad asistencial es directa y no puede reducirse a una discusión interna del sector.
Origen histórico y la demanda de actualización
El sistema que hoy regula muchas prácticas laborales tiene raíces en épocas en las que la organización hospitalaria era muy distinta, cuando el término «residente» remitía a médicos que literalmente residían en el centro sanitario. A lo largo de los años se han incorporado mejoras, pero para muchas voces del sector el marco normativo mantiene inercias de modelos del siglo XX que no se ajustan a las necesidades contemporáneas. La falta de una modernización profunda del Estatuto Marco alimenta la percepción de desajuste entre normativa y realidad.
Hacia condiciones sostenibles
Las propuestas que emergen del debate combinan límites claros a las guardias de 24 horas, regulación más estricta de la jornada complementaria, mejor retribución y medidas para facilitar la conciliación. Muchas voces reclaman que la reforma se centre en proteger a profesionales y pacientes a la vez, y en promover modelos de trabajo que reduzcan el desgaste sin renunciar a la calidad asistencial. En definitiva, se trata de trasladar a la norma y a la gestión hospitalaria el reconocimiento de que los médicos y las médicas son personas con necesidades, y que respetar esos límites mejora el sistema en su conjunto.
