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Cómo los hongos resistentes están cruzando de la agricultura a la medicina

Cincuenta científicos piden acciones conjuntas tras el avance silencioso de hongos resistentes que reducen la eficacia de los antifúngicos y ponen en riesgo a pacientes vulnerables

Cómo los hongos resistentes están cruzando de la agricultura a la medicina

En los últimos años ha crecido una preocupación que circula con poca publicidad: el avance de hongos resistentes a fármacos. Un grupo internacional de investigadores, reunido y publicado en Nature Medicine, advierte que estas cepas están dejando de responder a los tratamientos más usados y que el fenómeno conecta lo que sucede en los campos con lo que ocurre en los hospitales.

El problema no es solo microbiológico: combina prácticas agrícolas, disponibilidad de diagnósticos y mecanismos de control en centros sanitarios.

La idea central es que la resistencia no surge exclusivamente por el uso médico de antifúngicos. Expertos como Paul Verweij y otros 50 colegas han subrayado la necesidad de mirar con perspectiva One Health, la aproximación que reconoce la interdependencia entre salud humana, animal y ambiental.

En palabras simples: lo que se aplica en los cultivos puede afectar los tratamientos humanos porque algunas sustancias son químicamente similares a los azoles que usamos en medicina.

Por qué esta amenaza importa

La mayoría de la población sana rara vez sufre infecciones fúngicas graves, pero los pacientes inmunodeprimidos, quienes están en cuidados intensivos o tienen intervenciones invasivas, son muy vulnerables. Ejemplos concretos citados por la comunidad científica incluyen Candida auris, que puede provocar infecciones sanguíneas con altas tasas de mortalidad, y Trichophyton indotineae, responsable de infecciones cutáneas que se resisten a tratamientos habituales. Además, el moho Aspergillus fumigatus ha mostrado resistencia a azoles en varias regiones. Estas realidades elevan la mortalidad y prolongan el sufrimiento de los pacientes; en estudios se han observado diferencias sustanciales en los resultados cuando la resistencia está presente.

El vínculo entre agricultura y medicina

En los sistemas agrícolas se emplean masivamente fungicidas para proteger cultivos como cereales, frutas y flores. Muchos de esos compuestos guardan similitud química con los antifúngicos usados en hospitales. Cuando los hongos del entorno se exponen repetidamente a esas sustancias, evolucionan hacia cepas resistentes; con el tiempo, esas cepas pueden comprometer la eficacia de fármacos clínicos. Esta interrelación ambiental-medical es la esencia de la aproximación One Health y explica por qué la resistencia puede originarse lejos del paciente pero terminar afectando su tratamiento.

Cómo viajan las resistencias

Los hongos productores de moho liberan esporas al aire que pueden viajar grandes distancias. Parte de la comunidad científica propone que esas partículas suben en corrientes atmosféricas y se dispersan continentalmente; aunque los mecanismos exactos siguen en estudio, la inhalación constante de esporas forma parte del ciclo de exposición humana. Además, la movilidad global de mercancías y personas facilita que cepas resistentes lleguen a hospitales en distintas regiones, complicando la contención sin vigilancia sistemática.

Impacto clínico y obstáculos para nuevos fármacos

Desde el punto de vista terapéutico hay un problema doble. Primero, el número de clases de antifúngicos desarrolladas en décadas es muy limitado; en aproximadamente 75 años solo han aparecido unas pocas familias farmacológicas, con los azoles como pilar central. Segundo, la biología fúngica se asemeja a la humana a nivel celular, lo que dificulta encontrar compuestos que dañen al hongo sin afectar al paciente. Por eso la innovación farmacéutica es más lenta y arriesgada que en bacterias o virus, y la pérdida de una clase útil puede dejar opciones terapéuticas muy reducidas, sobre todo en infecciones invasivas o cerebrales donde la penetración del fármaco es limitada.

Consecuencias para los sistemas sanitarios

La detección y el seguimiento requieren diagnósticos precisos, control riguroso en ingresos hospitalarios y redes de laboratorios capaces de compartir datos. Sin estas herramientas, muchas muertes por infecciones fúngicas pasan desapercibidas o se tratan sin conocer la resistencia presente. Los autores del llamado a la acción piden reforzar la vigilancia, mejorar el uso responsable de fungicidas en agricultura y evaluar previamente cualquier nuevo compuesto para medir su potencial de generar resistencia cruzada entre campos y hospitales.

Propuestas y próximos pasos

Para actuar, los científicos proponen un plan con prioridades: aumentar la concienciación pública y profesional, establecer sistemas de vigilancia global, reforzar las medidas de control de infecciones en hospitales, promover el uso responsable de fungicidas y destinar fondos a investigación de nuevos antifúngicos y herramientas diagnósticas. Ya existen iniciativas como la lista de patógenos fúngicos priorizados por la OMS (publicada en 2026) y grupos One Health, pero los autores insisten en que esas medidas deben integrarse en planes nacionales e internacionales de resistencia antimicrobiana para evitar que más infecciones se vuelvan intratables.


Contacto:
Max Torriani

Quince años en redacciones de los principales grupos mediáticos nacionales, hasta el día en que prefirió la libertad al sueldo fijo. Hoy escribe lo que piensa sin filtros corporativos, pero con la disciplina de quien aprendió el oficio en las trincheras de las breaking news. Sus editoriales generan debate: es exactamente lo que quiere.