La colocación de tuberías en las gárgolas del Hostal de los Reyes Católicos ha provocado críticas y llamados a revisar un proyecto que busca evitar humedades sin alterar el valor histórico del conjunto

En la emblemática Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela se ha instalado un foco de discusión que ha desplazado momentáneamente a la Catedral de Santiago del centro del debate público. Unas tuberías metálicas fijadas en las aberturas de las gárgolas entubadas del Hostal de los Reyes Católicos han alimentado comentarios de vecinos, visitantes y defensores del patrimonio, que se preguntan si la reparación funcional justifica la modificación visual de un conjunto histórico.
La obra forma parte de una intervención mayor sobre el parador, encargada por el Ministerio de Industria y Turismo, destinada a frenar las filtraciones y mejorar la conservación. Sin embargo, la presencia de tubos que sobresalen hacia la plaza ha provocado reacciones encontradas: mientras algunos técnicos defienden su eficacia, otros consideran que afectan de forma notable la lectura estética del edificio.
En este contexto se entrecruzan las palabras rehabilitación y protección en las conversaciones cotidianas de la zona vieja.
La intervención y su propósito
Según el Colexio de Arquitectos de Galicia (COAG), la solución adoptada tiene un fin claro: canalizar el agua de lluvia para evitar el deterioro de la fachada plateresca y de la balconada barroca del Hostal, reduciendo las humedades que ya estaban afectando a elementos escultóricos y a los remates de piedra. Los técnicos apuntan que las gárgolas originales no evacuaban correctamente el agua, lo que obligó a plantear sistemas alternativos de drenaje que resultaran duraderos y eficaces.
Alternativas y críticas
Organizaciones como Apatrigal han solicitado revisar el proyecto aprobado por la Dirección General de Patrimonio, argumentando que existen soluciones menos agresivas desde el punto de vista estético, como sistemas internos de canales, rejillas ocultas o tratamientos repelentes del agua que respeten la lectura histórica. La discusión no se limita a lo visual: incorpora evaluaciones técnicas sobre la compatibilidad de materiales modernos con piedra antigua y el coste de opciones menos visibles pero posiblemente más laboriosas.
Reacciones institucionales y efecto en el turismo
La alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín (BNG), ha señalado que la apariencia de estas intervenciones no resulta satisfactoria y ha planteado que la Xunta revise si el proyecto contemplaba específicamente esta solución. El concejal de Urbanismo, Iago Lestegás, también ha apuntado a la necesidad de aclarar el alcance del permiso otorgado. En paralelo, la Xunta ha anunciado contactos con el departamento de Turismo para explorar alternativas compatibles con la condición de Bien de Interés Cultural (BIC) del edificio.
Impacto sobre la afluencia y la imagen
El Hostal de los Reyes Católicos es un activo clave para el turismo de la ciudad; el flujo peregrino no deja de crecer, con 530.987 peregrinos «oficiales» en 2026 según las estadísticas más recientes mencionadas en el debate. La visibilidad del parador, además de su valor histórico, es un reclamo para visitantes y clientes. Por eso, cualquier decisión técnica se mira también desde la óptica económica y de la comunicación: preservar la experiencia visual en la plaza es parte de la estrategia para mantener su atractivo.
Historia y rehabilitación del edificio
El Hostal fue mandado construir por los Reyes Católicos en 1499 tras una peregrinación regia en 1488 y la constatación de graves déficits sanitarios entre los caminantes. Concebido como hospital con fuentes, jardines medicinales y un rico repertorio de repujados platerescos, la obra contó con maestros como Enrique Egas y se proyectó para acoger a los peregrinos con dignidad. Ese pasado hospitalario y su valor artístico explican por qué las intervenciones despiertan sensibilidad y protecciones legales específicas.
Hoy el edificio funciona como parador de lujo desde 1954 y forma parte de un proyecto de renovación integral con una inversión pública de 36 millones de euros. La reforma incluye la renovación de fachadas, cubiertas, aleros, patios y la Capilla Real, y pretende mejorar la eficiencia y sostenibilidad del inmueble sin renunciar a su patrimonio. En ese cruce entre conservación técnica y estética pública se sitúan las decisiones sobre cómo evacuar las aguas pluviales sin sacrificar la armonía de la plaza.
Mientras las obras avanzan, la controversia sirve para reafirmar una discusión más amplia: cómo compatibilizar soluciones técnicas modernas con el respeto a un conjunto histórico que es núcleo del patrimonio y pilar del turismo en Santiago. La resolución final dependerá de acuerdos entre ministerios, administración autonómica, especialistas y la comunidad local, que esperan alternativas que concatenen eficacia, protección y sensibilidad estética.
