Pakistán actúa como mediador mientras enviados estadounidenses e iraníes se preparan para retomar negociaciones en un contexto de bloqueo naval y discrepancias internas en Irán

La negociación entre estados unidos e Irán vuelve a escena con un desplazamiento a Pakistán destinado a reabrir canales diplomáticos. La Casa Blanca confirmó que Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff viajarán a Islamabad para participar en conversaciones mediadas por autoridades paquistaníes.
En paralelo, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, llegó a la capital paquistaní al frente de una pequeña delegación, lo que refuerza el papel de Pakistán como intermediario en el conflicto.
Las citas se producen tras una ronda inicial que no llegó a sellar acuerdos y después de acusaciones mutuas sobre la violación del alto el fuego.
El vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, que encabezó la primera fase de contactos, no figura por ahora entre los asistentes, aunque la Casa Blanca mantuvo que su presencia será evaluada si las negociaciones muestran avances significativos. Irán, por su parte, optó por no incluir al presidente del parlamento, Mohammad-Bagher Ghalibaf, en esta visita.
Posturas y temas centrales
Las conversaciones se mueven entre dos líneas rojas: el estatus del estrecho de Ormuz y el futuro del programa nuclear iraní. Washington ha colocado la paralización del programa como prioridad absoluta, mientras que Teherán considera su capacidad nuclear como un elemento de orgullo y seguridad nacional. Irán estaría dispuesto a discutir limitaciones similares a las recogidas en el acuerdo de 2015, pero descarta el desmantelamiento total. Además, el bloqueo naval impuesto alrededor de sus puertos ha sido un punto de fricción, en el que se afirma que alrededor de 34 buques fueron desviados o frenados.
Movimientos diplomáticos y señales públicas
Respuesta iraní y documentos
Fuentes periodísticas señalan que la delegación iraní viaja con una respuesta por escrito a una propuesta estadounidense; ese documento podría marcar la pauta de la próxima fase negociadora. Aunque en público Teherán ha declarado que no negocia bajo el actual bloqueo, la diplomacia ha continuado en privado. La oficina de prensa del parlamento iraní desmintió rumores sobre la dimisión de Ghalibaf como jefe del equipo negociador y negó que exista, por ahora, una segunda ronda formalmente programada según algunas versiones.
Declaraciones de la Casa Blanca
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que Estados Unidos ha observado «algún progreso» en los últimos días y que los enviados viajarán esencialmente para escuchar la propuesta iraní. En términos prácticos, la delegación estadounidense se presenta como receptora más que como emisora de nuevas condiciones, con la expectativa de que la mediación paquistaní facilite entendimientos iniciales. El presidente estadounidense, en sus redes, también ha aludido a las divisiones internas en Irán entre sectores militares y políticos como un factor que complica el diálogo.
Seguridad en Islamabad y contexto regional
Medidas de protección y logística
La organización del encuentro ha obligado a extremar la seguridad en la zona donde se alojan las delegaciones: según informaciones, la capital pakistaní registró un despliegue excepcional de fuerzas para garantizar la seguridad del hotel y las áreas circundantes. El lugar de las conversaciones fue el mismo que acogió la primera ronda, y se han implementado controles y restricciones locales para minimizar riesgos durante las reuniones mediadas.
El frente libanés y otras tensiones
Además de las tensiones entre Washington y Teherán, la región sigue marcada por enfrentamientos entre Israel y Hizbulah en Líbano. El presidente estadounidense anunció una extensión del alto el fuego en ese frente por tres semanas tras conversaciones con representantes libaneses e israelíes, aunque Hizbulah no forma parte del proceso de mediación que involucra a Pakistán.
Escenarios y obstáculos
El reencuentro en Islamabad renueva la posibilidad de un avance diplomático, pero persisten múltiples escollos: la firmeza estadounidense sobre el programa nuclear, la negativa iraní a desmantelar capacidades sensibles y el bloqueo naval que Teherán califica como un acto hostil. La estructura de poder dentro de Irán, con tensiones entre dirigentes políticos y mandos militares, añade incertidumbre sobre quién puede comprometerse efectivamente en nombre del país. En este tablero, la mediación paquistaní y la voluntad de escuchar de ambas partes serán determinantes para transformar la oportunidad en acuerdos concretos.
