Jaime Jiménez distingue dos modelos de consulta y defiende la cercanía como eje de la experiencia del paciente

En una conversación difundida por el pódcast Yo voy al dentista del Consejo General de Dentistas de España, el doctor Jaime Jiménez planteó una reflexión que va más allá de la técnica: la importancia de la experiencia del paciente en la atención odontológica.
Para Jiménez, no todas las consultas funcionan igual; existen formas de organizar la visita cuyo impacto en la percepción del paciente es decisivo. Esta distinción conecta con debates contemporáneos en salud sobre el valor del acompañamiento y la comunicación como parte integral del tratamiento.
La propuesta del especialista subraya que la medicina dental no solo repara tejidos o arregla piezas, sino que también modela emociones y confianza. La diferencia entre una intervención fría y una vivida con proximidad puede determinar si un paciente vuelve, recomienda o teme la próxima cita. En este texto se describen esos modelos, se analizan sus efectos sobre la relación clínico-paciente y se ofrecen claves prácticas para transformar una consulta en una experiencia más humana y eficaz.
Dos modelos de consulta
Jiménez distingue, de forma clara, entre lo que llama una consulta funcional y una consulta experiencial. En la primera, el proceso es mecánico: el paciente llega, espera, entra, recibe el tratamiento y se marcha. Es una estructura centrada en la eficiencia y en la resolución clínica inmediata. En la segunda, el énfasis cambia: desde la recepción hasta la despedida se busca crear un vínculo. Esta diferenciación no implica renunciar a la calidad técnica, sino sumar elementos de relación que permitan al paciente sentirse acompañado y valorado.
Cómo transforma la confianza la visita al dentista
Vínculo con el equipo
Uno de los pilares que resalta el doctor es el papel del equipo: auxiliares, recepcionistas y el propio odontólogo construyen, con pequeños gestos, una atmósfera de confianza. Cuando el paciente es conocido por nombre, cuando se le explica cada paso y cuando hay una conversación breve pero empática, el encuentro deja de ser una mera transacción. El trato cercano facilita la adherencia a los tratamientos y reduce la ansiedad. Esta realidad muestra que la calidad percibida no depende únicamente de la precisión técnica, sino también de la calidad relacional.
Atención personalizada
Además, Jiménez destaca la necesidad de adaptar los ritmos y las explicaciones a cada persona. La atención personalizada comprende ajustar tiempos, modular la comunicación y priorizar aquello que cada paciente necesita en su proceso. No se trata de aplicar un protocolo único, sino de construir planes donde el paciente se sienta escuchado: explicar alternativas, respetar miedos y pactar pasos. Ese enfoque, según el doctor, convierte al profesional en algo parecido a un aliado y no en una figura distante, lo que mejora la experiencia global.
Implicaciones para la práctica dental
El giro hacia una consulta centrada en la experiencia tiene consecuencias prácticas: fomenta la fidelización, mejora la reputación de la clínica y facilita tratamientos a largo plazo. Para implementarlo, Jiménez propone acciones concretas como formar al personal en habilidades comunicativas, diseñar espacios cálidos y coordinar agendas que permitan tiempos de escucha. Estas medidas no sustituyen la excelencia técnica, sino que la complementan. En definitiva, promover la empatía clínica es una inversión en salud y en relación, que beneficia tanto al paciente como al equipo profesional.
