La inflación en abril se frena hasta el 3,2% gracias a la caída de la electricidad y a las rebajas sobre carburantes; persisten riesgos vinculados al conflicto internacional

En el segundo mes del conflicto internacional el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado una lectura del índice de precios que sorprende por su atenuación: la tasa general se ha quedado en 3,2% en abril. Este enfriamiento corta temporalmente la trayectoria alcista de los meses previos y responde, sobre todo, a movimientos en el sector energético; en particular a un descenso del coste de la electricidad, impulsado por una mayor aportación de las energías renovables, y a la entrada en vigor de rebajas del IVA sobre los carburantes.
La cifra avanzada hoy por el INE oculta matices que los analistas esperan desglosar cuando se publique el detalle completo: la moderación puede deberse a una reducción notable de la luz o a la contención de otros componentes del índice.
María Jesús Fernández, analista sénior de Funcas, había previsto una subida ligera del IPC; su observación subraya que, sin un descenso apreciable de la electricidad, tendría que haber habido moderación en múltiples partidas para explicar el resultado.
Por qué ha frenado la inflación
Entre los factores determinantes figura la evolución del mercado eléctrico y las políticas fiscales. La menor dependencia del petróleo como fuente de generación, gracias al mayor peso de las renovables, ha aliviado el precio mayorista de la luz y reducido la presión sobre el índice. Además, las medidas aprobadas por el Gobierno, muchas de ellas vigentes desde el 20 de marzo, y la reducción temporal del IVA sobre combustibles han mitigado el impacto en el consumidor. El vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha afirmado que España figura entre los países europeos donde menos han subido los precios mayoristas de la electricidad desde el inicio del conflicto, un argumento que vincula el resultado con el actual mix energético nacional.
El papel de la electricidad
La caída del precio de la electricidad aparece como la explicación principal de la desaceleración: al incrementarse la aportación de fuentes renovables se reduce la necesidad de combustibles fósiles y la exposición al alza del crudo. Este efecto actúa de forma directa en los hogares y las empresas y, por extensión, en componentes del IPC relacionados con la energía. Si bien la recuperación de la actividad económica y otros factores pueden empujar precios al alza, la electricidad ha funcionado como un amortiguador temporal frente al impacto del conflicto en los mercados energéticos.
Los carburantes y el impacto del conflicto
Los carburantes siguen siendo la partida que más ha presionado al alza por el encadenamiento de efectos del conflicto, con especial atención al cierre del Estrecho de Ormuz, que tensiona rutas y suministros. No obstante, la influencia de los combustibles se ha reducido en parte por la influencia de la electricidad y por las rebajas fiscales que han entrado en vigor. En conjunto, los productos energéticos han moderado su ritmo en ocho décimas y registran una subida del 6,5%, una cifra que sintetiza la coexistencia de fuerzas opuestas dentro del sector.
Componentes del índice y cifras destacadas
Más allá de la energía, otros componentes han mostrado signos de desaceleración: los servicios recortaron tres décimas hasta situarse en el 3,4%, y los alimentos no elaborados se moderaron dos décimas hasta el 4,6%. La inflación subyacente, entendida como el indicador que excluye energía y alimentos frescos, también descendió una décima hasta el 2,8%, una referencia clave para detectar tendencias de fondo. Estos movimientos apuntan a una contención generalizada, aunque con variaciones importantes entre rúbricas.
Perspectivas y riesgos
Las previsiones oficiales y privadas admiten importantes incertidumbres: el Gobierno estimó una media anual de precios alrededor del 3,1%, condicionando esa proyección a la evolución del conflicto; por su parte, Funcas calcula una inflación media del año algo superior, en torno al 3,5%. La continuidad o prórroga de las rebajas fiscales —actualmente sujetas a discusión, con decisiones pendientes sobre su extensión más allá de junio— será determinante. Conviene recordar que los únicos meses por debajo del 3% en lo que va de año fueron enero y febrero, antes del estallido del conflicto, mientras que la economía sigue sometida a datos recientes menos favorables: la Encuesta de Población Activa mostró un primer trimestre débil y el próximo dato del PIB del primer trimestre dará pistas sobre si la desaceleración se consolida.
