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Patrones de siesta en adultos mayores y su relación con el riesgo de mortalidad

Un análisis con monitores de actividad sobre más de 1.300 adultos mayores revela que la duración, la frecuencia y la hora de la siesta se vinculan con el riesgo de mortalidad

Patrones de siesta en adultos mayores y su relación con el riesgo de mortalidad

Dormir la siesta suele verse como un recurso reparador, pero en personas de edad avanzada ciertos modos de descanso diurno pueden ser una señal de alarma. Un equipo de investigadores de Mass General Brigham y del Rush University Medical Center publicó en JAMA Network Open un estudio que explora cómo el patrón de la siesta —no solo su presencia— se relaciona con la mortalidad en población mayor.

Los autores analizaron datos objetivos obtenidos con dispositivos y compararon medidas como la duración, la frecuencia y el momento del día en que ocurren las siestas.

El trabajo siguió a 1.338 participantes durante hasta 19 años para evaluar asociaciones entre hábitos de descanso diurno y riesgo de muerte por cualquier causa.

Para medir el sueño se utilizaron monitores en la muñeca durante 10 días: así se captaron las siestas con precisión en lugar de depender únicamente de recuerdos o cuestionarios. Los hallazgos plantean interrogantes sobre cuándo la somnolencia diurna refleja un problema subyacente y cuándo es simplemente recuperación puntual.

Diseño y metodología del estudio

Los investigadores se apoyaron en el Proyecto Rush sobre memoria y envejecimiento, una cohorte iniciada en 1997 que reúne información clínica y conductual de adultos mayores del norte de Illinois. Desde 2005, los participantes llevaron durante 10 días monitores de actividad en la muñeca, técnica conocida como actigrafía, lo que permitió reconstruir patrones de reposo y actividad con detalle. Con datos acumulados hasta 2026 se evaluó la relación entre variables como la duración total de sueño diurno, el número de episodios de siesta por día, el momento del día en que se concentran las siestas y la variabilidad entre días.

Resultados principales y cifras clave

El análisis mostró asociaciones consistentes entre ciertos patrones y un mayor riesgo de muerte. Concretamente, cada hora adicional de sueño diurno al día se asoció aproximadamente con un aumento del 13% en el riesgo de mortalidad. Asimismo, cada siesta extra al día vinculó cerca de un 7% más de riesgo. El momento de la siesta fue relevante: quienes tendían a dormir por la mañana presentaron un riesgo de mortalidad alrededor de un 30% superior al de quienes habitualmente dormían por la tarde. En contraste, la irregularidad entre días en los patrones de siesta no mostró una relación significativa con el riesgo.

Interpretación estadística

Los autores recuerdan que los resultados describen asociaciones, no causalidad. Chenlu Gao, investigador principal adscrito al Departamento de Anestesiología de Mass General Brigham y a la División de Trastornos del Sueño y Circadianos del Rush University Medical Center, subraya que la correlación puede obedecer a enfermedades crónicas, procesos neurodegenerativos, problemas cardiovasculares o alteraciones del ritmo circadiano que provocan somnolencia excesiva. En otras palabras, las siestas prolongadas podrían ser un síntoma, no la causa, de un deterioro subyacente.

Implicaciones clínicas y usos potenciales

Los autores sugieren que la monitorización con dispositivos portátiles podría convertirse en una herramienta sencilla para detectar señales tempranas de empeoramiento de la salud. En lugar de desalentar la siesta como hábito, la propuesta es incorporar preguntas sobre duración, frecuencia y momento del descanso diurno en las evaluaciones geriátricas y considerar el uso de actigrafía cuando la somnolencia sea excesiva o nueva. Esto facilitaría identificar a pacientes que requieren una evaluación más profunda por patologías subyacentes.

Limitaciones y consideraciones

El estudio tiene límites que conviene matizar: la muestra procede mayoritariamente de adultos mayores del norte de Illinois y es en su mayoría población blanca, lo que limita la generalización a otras comunidades. Además, aunque la actigrafía ofrece medidas objetivas de actividad y reposo, no reemplaza el diagnóstico clínico ni los exámenes que detectan enfermedades específicas. Los autores abogan por investigaciones adicionales en poblaciones más diversas y por estudios que exploren mecanismos biológicos detrás de las asociaciones observadas.

En síntesis, más allá de la costumbre cultural de la siesta, este trabajo plantea que ciertos patrones —siestas largas, repetidas o predominantemente matutinas— pueden funcionar como indicadores de riesgo en personas mayores. La recomendación no es prohibir el descanso diurno, sino verlo como otra señal clínica que, combinada con la historia médica y pruebas complementarias, puede ayudar a detectar problemas de salud de forma precoz.


Contacto:
Martina Colombo

Psicologa colegiada y periodista, especializada en bienestar emocional y relaciones.