El comercio exterior de China sufre una desaceleración marcada tras la guerra de Irán, mientras la admisión de culpabilidad de Hui Ka Yan complica la recuperación del sector inmobiliario

En el contexto internacional, el motor exportador de China mostró un notable frenazo en marzo: las exportaciones avanzaron sólo un 2,5% respecto al mismo mes del año anterior, un ritmo muy inferior a las tasas superiores al 20% observadas en enero y febrero.
Este parón llega tras el estallido de la guerra de Irán, un suceso que ha tensionado los precios energéticos y las rutas de transporte marítimo, y que ha incrementado la incertidumbre sobre la demanda global y las cadenas de suministro.
Al mismo tiempo, las importaciones registraron un incremento del 28%, por encima del entorno del 20% de meses previos, lo que estrechó la balanza y dejó un superávit comercial de 51.130 millones de dólares (unos 43.000 millones de euros) en marzo, cifra que supone aproximadamente la mitad de lo que los analistas esperaban. Según Zhiwei Zhang, economista jefe de Pinpoint AM, “el superávit comercial se reducirá este año, ya que no puede trasladar completamente el aumento de los precios de la energía a los clientes extranjeros”.
Factores que explican la desaceleración
El encarecimiento de la energía, la subida de los costes logísticos y la ampliación del riesgo geopolítico son elementos que han pesado en el comercio. China y otras economías asiáticas dependen en gran medida de los suministros energéticos del golfo Pérsico, por lo que las perturbaciones en la región generan un efecto directo sobre los costes industriales y de transporte. Además, la volatilidad de los precios energéticos puede cambiar patrones de consumo internacional y la composición de la demanda por bienes de inversión y consumo.
Sectores con respuestas divergentes
Dentro de este panorama, algunos sectores muestran fortaleza y otros fragilidad. Las mercancías tecnológicas, y en particular los envíos de semiconductores, se beneficiaron del empuje global por la inteligencia artificial y la transformación digital, contribuyendo al desempeño positivo de parte de las exportaciones. No obstante, los economistas advierten que una guerra prolongada podría debilitar la demanda externa al frenar la actividad y elevar los costes de producción.
Oportunidades para energías limpias y vehículos eléctricos
La crisis energética también impulsa la búsqueda de alternativas: la subida sostenida de los precios fósiles puede aumentar la demanda mundial de paneles solares, molinos de viento y coches eléctricos fabricados en China. Si los precios de los equipos suben más en el extranjero que en el mercado chino, los productos chinos ganarían competitividad por precio, lo que podría amortiguar parcialmente la caída general de las ventas al exterior.
Destinos comerciales en cambio
El reordenamiento de las rutas comerciales ya es visible en los datos por mercados: las exportaciones destinadas a Estados Unidos cayeron un 27% en marzo, el doble del descenso registrado en meses previos, evidenciando el impacto persistente de los aranceles y las tensiones comerciales. Por contraste, los envíos hacia la Unión Europea aumentaron un 9%, lo que refleja la búsqueda de nuevos destinos y la diversificación de mercados por parte de los exportadores chinos.
Evergrande: culpabilidad y legado
En paralelo al movimiento del comercio exterior, el ámbito financiero y del sector inmobiliario chino vuelve a centrar la atención. Hui Ka Yan, fundador del grupo Evergrande, se declaró culpable de varios cargos, entre ellos malversación de fondos, fraude en la recaudación y captación ilegal de depósitos del público. La empresa lleva desde 2026 en situación de impago respecto a la mayor parte de sus 300.000 millones de dólares en pasivos, una crisis que arrastró al sector inmobiliario y tensionó sistemas financieros dentro y fuera de China.
La admisión de culpabilidad de su fundador supone un nuevo capítulo en la saga de Evergrande y añade presión sobre la confianza de inversores y compradores. La magnitud de la deuda y las consecuencias sistémicas explican por qué el caso sigue siendo un termómetro de la salud financiera de China y de las posibles repercusiones internacionales.
Perspectivas y riesgos
En conjunto, el año se presenta con desafíos: la combinación de precios energéticos al alza, la inestabilidad geopolítica ligada a la guerra de Irán y las secuelas del colapso de grandes promotoras como Evergrande plantea un panorama de menor dinamismo en el comercio exterior. Si bien sectores como el tecnológico y las renovables ofrecen vías de crecimiento, el riesgo de una demanda externa más débil y de mayores costes operativos aconseja prudencia para empresas y formuladores de política.
Los datos de marzo y las declaraciones de expertos muestran que la recuperación no será lineal: habrá ganadores y perdedores, y la capacidad de adaptación de las cadenas de valor y de la política energética determinará en buena medida la evolución del comercio chino en los próximos meses.
