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Dexter, continuando por el buen camino en la sexta temporada

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Una serie suele quemarse si se pasan haciendo demasiadas temporadas.
A partir de la quinta, aunque sea muy interesante y los personajes tengan carisma, los argumentos tienden a repetirse y los actores a sentirse un poco agobiados interpretando una y otra vez las mismas situaciones.
Hay algunas que superan con creces ese punto de inflexión y, añadiendo nuevos personajes y cambiando a los principales, logran continuar triunfando.

Y dicho esto, también está Dexter.
Una serie que trata sobre un psicokiller, un asesino en serie que mata a una media de una persona por episodio de forma brutal y sin concesiones, es muy raro que acabe funcionando tan bien, pero su sexta temporada comenzó manteniendo toda la atención de sus seguidores, que somos muchos.
Dexter ha tenido un recorrido espectacular, con cinco temporadas de doce episodios que nos han enganchado uno tras otro.
El mayor mérito podría ser del excelente reparto de la serie.
Showtime acertó plenamente dando a a Michael C.
Hall el papel protagonista.
No solo físicamente se come la pantalla, sino que los que sigan la versión original podrán apreciar la estupenda voz que le imprime al personaje.

Sin ser aterrador, impone un respeto que hace difícil imaginar que sus compañeros de comisaría no intuyan que algo hay detrás de esa personalidad tan enigmática y al mismo tiempo, abierta.
El personaje ha ido evolucionando a lo largo de las temporadas, y si en el principio de la serie era un ser oscuro, completamente desconectado de la sociedad y de su propia humanidad, al final de ella había comenzado un camino que le llevaría a tener y mantener a una familia.
La trayectoria de Dexter a través de las distintas pruebas a las que se ha visto enfrentado, ha conseguido que sea lo menos parecido a un personaje plano que se nos pueda ocurrir.
Otra cosa son algunos de los personajes secundarios, como Masuka (C.
S.
Lewis), Ángel Batista (David Zayas) o Maria Laguerta (Lauren Vélez).
Su presencia es meramente testimonial, e intentan ocupar algo de espacio en la comisaría, para que no quede tan insulsa.
En cuanto a Debra Morgan (Jennifer Carpenter) y su actúal compañero, Quinn (Desmond Harrington), van por otro camino.
El nuevo policía parecía ser el sustituto del sargento Doakes (Erik King), al que le colgaron los crímenes de Dexter en la segunda temporada y fue asesinado por Lila (Jaime Murray).
Pero su trayectoria ha sido diferente, sobre todo a partir de la quinta temporada, cuando decidió investigar a Dexter.
Ese paso adelante le ha valido otro rol a lo largo de la sexta temporada.
La hermana del forense, Deb, ha conseguido lo que hace unos años parecía imposible, y ha dado al personaje otro carácter, más pausado tras todo lo que le ha tocado vivir en la serie.
De agente de calle a teniente, ocupando el lugar de Laguerta y dirigiendo a toda la división, en contra de lo que muchos pensábamos.
Una buena manera de evolucionar.
Los villanos han sido de lo más sugerentes, y posiblemente Trinity (John Lightgow) sea el mejor de todos ellos, pero en la sexta nos encontramos con otro que debe ser tenido muy en cuenta.
Edward James Olmos interpreta a un profesor de universidad que alienta a un alumno a cometer los asesinatos que él idea, pero que no ejecuta.
Durante la sexta temporada, Dexter se enfrenta a él, a su pupilo, y a a algo que no ha tenido en cuenta hasta el momento, la fé y las creencias religiosas que podrían hacerle reflexionar sobre su oscuro pasajero y su misión.
Por ahora, el interés no ha decaído, la fuerza de la serie se mantiene, y podemos estar convencidos de que la serie puede ofrecernos más intensidad durante unos años más.
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