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VIII Muestra SyFy de Cine Fantástico: Destino Oculto, o cómo no hacer una película

El otro día los vi.
Andaban en las sombras, con sus sombreros, vigilando el destino de los demás.
Sé que querían evitar que viera Destino Oculto por mi bien, porque lo tenían escrito en un libro donde tenían trazado mi plan vital, pero les conseguí dar esquinazo y meterme a la VIII Muestra SyFy, que se inauguró ayer con el preestreno del filme de Matt Damon.

O puede que nada de esto sea cierto.
Digo yo que si alguien que puede controlar el destino permite que este filme exista, es que algo está haciendo mal.
Hay que decirlo a las claras: Destino Oculto es una de las mejores comedias que me he echado a la cara ultimamente.

Cada giro de guión resulta más forzado que el anterior, cada clímax más cercano a la autoparodia, cada agujero en la historia más próximo a la mamarrachada absoluta que es el filme.
Pero vamos poco a poco, que al destino no hay que tomárselo a guasa, por lo visto.
La película comienza con un aspirante a senador, David Norris, que ve cómo las elecciones se caen a favor del contrario por unas fotos polémicas.
Pero he aquí que Norris conoce a una chica que le ayuda a hacer un discurso espectacular, y de la cual se enamora.
Y a partir de aquí empieza el despropósito.
¿Preparados? Resulta que unos señores con sombrero tenían todo planeado para que David y la mujer en cuestión no se volvieran a cruzar, cosa que vuelve a ocurrir.
Esos señores con sombrero son, ni más ni menos, que los dueños del destino.
La tontería acaba de empezar.
A partir de aquí el filme es una comedia romántica con tintes de ciencia ficción barata que a cada giro de guión va dejándose más en evidencia: Ni los poderes de los dueños del destino quedan claros (a ratos son increíbles, a ratos una chorrada), ni la razón por la que tienen que evitar a toda costa que Norris y su amada se encuentren es esclarecida hasta la última media hora, con previsibles risas en la platea, ni las decisiones de ningún personaje son medianamente coherentes.
En Destino Oculto todo pasa porque sí.
Nadie se plantea las cosas: ¿Que los señores del destino son capaces de mandar SMS con un giro de la mano pero no son capaces de evitar que dos personas se vean? Pongamos que vale.
¿Que Norris y su novieta no se ven en tres años pero al volverse a encontrar hacen como que nada ha pasado? Por qué no.
¿Que advierten al protagonista que no debe revelar la identidad de los señores del destino? Por supuesto, es lo primero que hace en cuanto tiene ocasión.
Y no pasa absolutamente nada.
Es como si George Nolfi hubiera metido en una coctelera una comedia romántica barata, un poco de ciencia-ficción de serie Z, le quitara pasión a la pareja protagonista (Matt Damon y Emily Blunt tienen menos química que el Quimicefa) y removiera bastante mal hasta que quedara una historia con grumos y agujeros gigantescos de guión solucionados por algunos de los deus ex machina más atolondrados y tristes de los últimos tiempos.
Especial importancia tiene su media hora final, donde cada revelación causa nuevas carcajadas entre el público, que permanece inaudito ante el recital de chorradas sacadas de la manga que pretenden que nos creamos: Sombreros mágicos, enamoramientos eternos, voces en off explicativas, enigmas en la trama tan bien solventados como en Lost… Podéis haceros una idea.
Delirante, terrible, repleta de clichés y mastodónticamente risible.
Destino Oculto satisfará a todos los que vayan creyendo que se van a encontrar una película como Origen (porque, ya se sabe, si uno está convencido de estar viendo una película inteligente, se lo acabará creyendo) pero en realidad no es mas que una comedia romántica de Meg Ryan y Tom Hanks con momentos absurdos por el medio.
Y ojo, que esto lo está diciendo un fanático de la ciencia-ficción.
En resumen, un inicio de festival bastante deplorable, a pesar de que algunos aplausos se oyeron en el auditorio.
Por lo que a mí respecta, y por mucho que intentara que la película me gustase, no lo logré en ningún momento.
Es difícil entrar en el filme cuando la pareja protagonista parece darse más asco que amor, la dirección apenas cumple y el guión es una mala mezcla de tópicos sin pies ni cabeza.
Haréis bien si haceis caso al título del filme y dejáis a vuestro destino bien oculto de semejante tontería.
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