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Los viajes de Gulliver: anuncio de la comedia de aventuras de Jack Black

Hay actores que siempre funcionan mejor en papeles secundarios que dando vida al héroe de turno.
Ben Affleck es uno de ellos, Jack Black otro.
La única vez que he sorportado al comediante en un papel protagonista fue en la comedia con toques musicales Escuela de Rock, la misma película que fue destrozada (insisto, destrozada) en su versión doblada al español por la espantosa elección del cantante Dani Martín para doblar a Black.

Por su estrellato absoluto en la película y por muchas otras razones, Los viajes de Gulliver es una de esas películas que, por una razón u otra, tiran para atrás desde la imágen que uno ve del proyecto.
Que su director sea Rob Letterman, cineasta responsable de mediocridades como Monstruos contra Alienígenas y El espantatiburones, tampoco ayuda.

El 23 de diciembre comprobaremos si era demasiado agorero o la película es un verdadero despropósito.
Black da vida en el nuevo vehículo construído para su lucimiento personal a Lemuel Gulliver, un escritor que durante un viaje por el Triángulo de las Bermudas va a parar a la isla oculta de Lilliput, un lugar donde todo mide la doceava parte que en nuestro mundo.
Allí se tendrá que enfrentar a un pueblo que tiene la moralidad, el temor a Dios y lo honestidad como principales rasgos característicos.
Y todos muy británicos por cierto.
Los viajes de Gulliver se suma al ya infame grupo de películas que son estrenadas en tres dimensiones a pesar de no haber sido rodadas en ese formato, siguiendo los pasos de la criticada cada dos por tres Furia de Titanes (criticada por su conversión posterior al 3D, no por lo espantosamente mala que era, tal y como se hubiese merecido).
Ya lo siento, pero ni las intervenciones en papeles secundarios de Emily Blunt (El diablo viste de Prada), Jason Segel (Cómo conocí a vuestra madre) y Amanda Peet (Falsas Apariencias) me van a llevar al cine.
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